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jueves, 13 de julio de 2017

magico gonzalez un genio que no quiso ser el mejor del mundo

Resulta imposible conseguir adjetivos para describir la magnitud de su talento. Era un artista sobre la cancha, su creatividad no tenía límite. No había forma de marcarlo, siempre recurría a su infinito repertorio de filigranas para quitarse de encima a los defensores rivales. Disfrutaba en la cancha como si fuera un niño. Y, precisamente, ese fue su problema. Nunca dejó de ver el fútbol como lo que es: un juego . Esta es la historia de Jorge Mágico González , un salvadoreño que pudo llegar a ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos… ¡Pero no quiso!

Con apenas 17 años, el Mágico inició su carrera con la camiseta de ANTEL, en la Liga Mayor de El Salvador, allá por el año 1975. Ante su deslumbrante talento, y luego de quebrar unas cuantas cinturas, Jorge González cambió de equipo un año después y fichó por el Independiente de San Vicente. Luego Guadalajara se interesó por él, pero terminó firmando con el Club Deportivo FAS, donde permaneció durante cuatro temporadas. Era el jugador del momento en la Primera División de El Salvador, lo que rápidamente le llevó a la Selección. Con sus goles y gambetas, el combinado centroamericano se ilusionó con la posibilidad de clasificarse a la Copa del Mundo de España 82’.

Luego de avanzar como segundo de la Zona de Centroamérica, El Salvador culminó en la misma posición en el Hexagonal Final y selló su boleto al Mundial. Un partido clave para la hazaña salvadoreña fue ante México, donde el Mágico sacó la varita: arrancó desde la mitad de la cancha, se fue en velocidad de sus rivales, llegó hasta el área contraria y sacó un remate con tanta potencia que obligó el rebote del arquero, que fue aprovechado por Ever Hernández para marcar el gol de la victoria y la clasificación . Gran jugada de Jorge González. Su cambio de ritmo era impresionante. Pasaba de ser el más lento al más rápido en cuestión de segundos.

Ya en la Copa del Mundo, El Salvador dejó mucho que desear en sus presentaciones: perdió los tres encuentros y recibió 13 goles. La derrota más dolorsa fue ante Hungría (10-1). Su último partido fue contra Argentina, duelo en el que cayó por 2-0 con goles de Daniel Pasarella, de penal, y Daniel Bertoni. Pese a ello, el Mágico dejó grandes destellos de calidad que llamaron la atención de los clubes más importantes del mundo. París Saint-Germain lo tenía todo arreglado, pero Jorge González decidió no presentarse a la cita donde lo esperaban para firmar el contrato.

Fue entonces cuando, contra todo pronóstico, apareció el modesto Cádiz. Al Mágico le llamaba la atención el club gaditano, pues tendría toda la libertad para llevar la vida a su manera. Y es que a Jorge González le encantaba la vida nocturna. Llegaba de madrugada y muchas veces no acudía a los entrenamientos por quedarse dormido. Su indisciplina superaba su talento. Pero en el Cádiz le perdonaban todo eso, pues, domingo tras domingo, en el Ramón de Carranza, ponía de pie a todos los hinchas son su incuestionable habilidad.

Pese a tener al Mágico en sus filas, el conjunto andaluz descendió a la Segunda División del fútbol español. Todo esto despertó el interés de varios clubes en el astro salvadoreño. Uno de ellos fue el Barcelona de Diego Maradona . En una gira por Estados Unidos, Jorge González estuvo a prueba e hizo méritos para sellar su pase al conjunto catalán. Sin embargo, en el hotel donde se hospedaba el club azulgrana, se registró un incendio que hizo saltar la alarma. Todos abandonaron sus habitaciones, pero luego se dieron cuenta que faltaba uno. Al regresar, encontraron al Mágico en la cama. Y no precisamente durmiendo… A los pocos días, regresó a Cádiz.

Cansados de su comportamiento afuera de la cancha, el conjunto andaluz decide cederlo a Valladolid. La dirigencia de este club intentó frenar las salidas nocturnas de Jorge Gónzalez, que, incluso, tuvo que pagar varias multas. Al Mágico no lo dejaron vivir a su manera, lo que perjudicó notablemente su rendimiento en la cancha. En Pucela no aguantó mucho. Apenas estuvo seis meses, tiempo en el que jugó nueve partidos y tan solo marcó dos goles. Tras esta amarga experiencia, regresó a Cádiz, donde recuperó la mejor versión de su fútbol.

Jorge González defendió los colores de Cádiz durante cuatro temporadas. Marcó goles impresionantes, uno de los más recordados es el que hizo ante Racing de Santander: con un par de recortes limpió el camino, dejando en ridículo a los rivales que intentaron robarle la pelota; levantó la cabeza y sacó un precioso remate directo al ángulo . Una obra de arte. De hecho, Pedro Alba, arquero de Racing de Santander en ese entonces, corrió hasta el centro de la cancha para felicitarle por aquella maravilla.

Su explosividad fue desapareciendo con el pasar de los años. Y en 2002, con 44 años, Jorge González le dijo adiós al fútbol.

" Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en la cabeza: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme ", dijo el Mágico en una oportunidad sobre su comportamiento afuera de las canchas.

Uno de sus grandes admiradores es un tal Diego Maradona. "Tuve la suerte de jugar con él. Y después de ver los enganches que le pegaba a los españoles... ¡Era único! Nosotros, en los entrenamientos, siempre lo queríamos imitar, pero no podíamos. Siempre decíamos: '¿viste el gol que hizo el Mágico?'; si queríamos tirar el enganche, nos desgarrábamos todos. Es un gran tipo, se merece todo el cariño de El Salvador. Está entre los 10 mejores jugadores que yo he visto en mi vida, sin ninguna duda".

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